La llamada al realismo económico de Tim Jackson


…gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para crear impresiones efímeras en personas que no nos importan.

Esta es la transcripción de la conferencia de Tim Jackson, autor del libro “Prosperidad sin Crecimiento”, realizada en julio de 2010. Las ideas principales están destacadas en color azul para quien quiera leer “en diagonal”.

Hoy quiero hablarles de prosperidad, de nuestras esperanzas en una prosperidad compartida y duradera. Y no sólo para nosotros sino para los dos mil millones de personas en el mundo que todavía padecen desnutrición crónica. Y de hecho la esperanza está en el centro de esto.  De hecho, la palabra en latín para esperanza está en el centro de la palabra prosperidad. “Pro-speras”, “speras”, esperanza: de acuerdo con nuestras esperanzas y expectativas.

La ironía, sin embargo, es que hemos  convertido la prosperidad en dinero, la hemos transformado casi literalmente en términos de dinero y de crecimiento económico. Y hemos hecho crecer tanto a nuestras economías que ahora estamos en auténtico peligro de socavar la esperanza… acabándonos los recursos, talando selvas tropicales, derramando petróleo en el Golfo de México, alterando el clima… y el único factor que remotamente de verdad ha reducido el inexorable incremento de emisiones de carbono durante las últimas dos a tres décadas es la recesión. Y la recesión, por supuesto, tampoco es precisamente algo esperanzador, tal y como ahora estamos descubriendo.

Así que estamos en una especie de trampa. Es un dilema, el dilema del crecimiento. No podemos vivir con él, no podemos vivir sin él. Desecha el sistema o destroza el planeta. Es una elección difícil. No hay mucho para elegir.Y nuestra mejor ruta de escape es de hecho cierto tipo de fe ciega en nuestra propia inteligencia, tecnología, rendimiento y en hacer las cosas más eficientemente. No es que yo tenga nada en contra de la eficiencia. Y creo que a veces somos una especie inteligente. Pero creo que también deberíamos revisar las cifras, enfrentar la realidad en este momento.

Así que quiero que imaginen el mundo en el 2050, con alrededor de nueve mil millones de personas, todas aspirando a ingresos occidentales, estilos de vida occidentales. Y quiero hacer una pregunta… …y que tengan también ese aumento anual del dos por ciento en sus salarios porque creemos en el crecimiento. Y quiero hacer la pregunta: ¿Qué tan lejos y que tan rápido tendríamos que movernos? ¿Qué tan inteligentes tendríamos que ser? ¿Cuánta tecnología necesitaríamos en este mundo para alcanzar nuestras metas de carbono?

Y aquí, en mi gráfica, a la izquierda es en donde estamos ahora. Esta es la intensidad de carbono de crecimiento económico en la economía en este momento. Está alrededor de los 770 gramos de carbono. En el mundo que les describo, tendríamos que estar justo aquí al lado derecho en los seis gramos de carbono. Es una mejora 130 veces superior y eso es 10 veces más lejos y más rápido que cualquier cosa que jamás se haya logrado en la historia industrial. Quizás podemos hacerlo, tal vez es posible, ¿quién sabe? Quizás lleguemos más lejos incluso y obtengamos una economía que extrae el carbono de la atmósfera, que es lo que necesitaremos estar haciendo a finales de siglo. Pero, ¿no deberíamos revisar primero si el sistema económico que tenemos es remotamente capaz de ofrecer este tipo de mejora?

Así que quiero invertir un par de minutos en dinámica de sistemas. Es un poco complejo, y me disculpo por eso. Lo que intentaré hacer es tratar de parafrasearlo en términos humanos. Así que es algo como esto. Las empresas producen bienes para los hogares, nosotros, y nos brindan ingresos, y eso es mejor, porque podemos gastar esos ingresos en más bienes y servicios. A eso se le llama el flujo circular económico. Parece bastante inofensivo. Sólo quiero resaltar una característica clave de este sistema: el papel de la inversión. Bueno, las inversiones constituyen tan sólo un quinto del ingreso nacional en la mayoría de las economías modernas, pero juegan un papel absolutamente vital. Y lo que hacen esencialmente es estimular un mayor crecimiento del consumo. Esto lo logran de dos maneras. Persiguiendo la productividad, lo que baja los precios y nos anima a comprar más cosas. Pero quiero concentrarme en el papel de las inversiones en la búsqueda de lo novedoso, la producción y el consumo de lo novedoso. Joseph Schumpeter llamó a esto “el proceso de la destrucción creativa”. Es un proceso de producción y reproducción de lo novedoso, que persigue continuamente expandir los mercados de consumo, bienes de consumo, nuevos bienes de consumo.

Y aquí, aquí es donde se pone interesante porque resulta que los seres humanos tienen cierta atracción por lo novedoso. Nos encanta lo nuevo, nuevas cosas materiales obviamente pero también nuevas ideas, nuevas aventuras, nuevas experiencias. Pero lo material importa también. Porque, en cada sociedad que los antropólogos han examinado, las cosas materiales funcionan como un tipo de lenguaje, un lenguaje de bienes,un lenguaje simbólico que utilizamos para contarnos historias… Historias, por ejemplo sobre qué tan importantes somos. El consumo ostensible, impulsado por el estatus prospera gracias al lenguaje de lo novedoso. Y aquí, repentinamente tenemos a un sistema que conjunta una estructura económica con lógica social…. las instituciones económicas, y quiénes somos como personas, conjuntados para impulsar un motor de crecimiento. Y este motor no es sólo de valor económico; va moviendo recursos materiales implacablemente a través del sistema, impulsado por nuestros propios apetitos insaciables, conducido, de hecho, por un sentimiento de ansiedad.

Hace 200 años, Adam Smith habló sobre nuestra aspiración a una vida sin vergüenza. Una vida sin vergüenza: en esa época, eso significaba camisas de lino, y actualmente, bueno, necesitas la camisa todavía pero también necesitas el auto híbrido, la HDTV, dos vacaciones al año en el sol, la netbook y el iPad, la lista sigue… un suministro casi inextinguible de bienes impulsados por esta ansiedad. E incluso aunque no los queramos necesitamos comprarlos, porque si no los compramos, el sistema colapsa. Y para evitar que colapse durante las últimas dos o tres décadas hemos ampliado el suministro de dinero, expandido el crédito y el endeudamiento para que la gente siga comprando cosas. Y por supuesto, esa expansión contribuyó enormemente a la crisis.

Pero esto… quiero mostrarles algunos datos. Es así como se ve, en esencia el sistema de crédito y débito, sólo para el Reino Unido. Estos son los 15 años anteriores al colapso. Como pueden ver ahí, la deuda privada aumentó estrepitosamente. Estuvo por encima del PIB durante tres años consecutivos justo antes de la crisis. Y mientras tanto, el ahorro personal se desplomó completamente. La proporción de ahorros, ahorros netos, fueron inferiores a cero a mediados de 2008 justo antes del colapso. Estas son personas incrementando sus deudas, agotando sus ahorros sólo para permanecer en el juego. Esta es una historia extraña, bastante perversa para ponerlo en términos muy sencillos: es la historia de cómo nos persuaden, a la gente, a gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para crear impresiones efímeras en personas que no nos importan.

Pero antes de entregarnos a la desesperación quizás deberíamos regresar y preguntarnos: “¿Lo estamos haciendo bien?” “¿De verdad es así la gente?” “¿De verdad así se comportan los economistas?” Y casi de inmediato nos topamos con un par de anomalías. La primera es la propia crisis. Durante la crisis, durante la recesión, ¿qué quiere hacer la gente? Quieren agazaparse. Quieren pensar en el futuro. Quieren gastar menos y ahorrar más. Pero ahorrar es precisamente la respuesta equivocada desde el punto de vista del sistema. Keynes llamó a esto “la paradoja del ahorro”: los ahorros desaceleran la recuperación. Y los políticos nos instan continuamente a adquirir más deudas, a reducir aún más nuestros propios ahorros sólo para que siga la función y mantener funcionando a esta economía basada en el crecimiento. Es una anomalía, un punto en el que el sistema está reñido de hecho con lo que somos como personas.

Este es otro, uno completamente diferente: ¿por qué no hacemos las cosas evidentemente obvias que deberíamos hacer para combatir al cambio climático, cosas muy, muy sencillas como comprar dispositivos de bajo consumo, instalar lámparas de bajo consumo, apagándolas ocasionalmente, aislar nuestras casas? Estas cosas ahorran carbono, ahorran energía nos ahorran dinero. Así que aunque tienen mucho sentido económico no las hacemos. Bueno, hace algunos años yo tuve mi propia revelación personal sobre esto. Fue una noche de domingo, una tarde de domingo, y fue un poco después… bueno, para ser honesto, bastante después… de que nos mudáramos a una nueva casa. Y había finalmente conseguido hacer un sellado térmico, instalando aislamiento alrededor de las ventanas y las puertas para evitar que entrara el aire frío. Y mi hija, de cinco años en aquel entonces, me ayudaba tal y como hacen los niños de cinco años. Y ya llevábamos un rato haciendo esto cuando se volteó hacia mí de forma muy solemne y dijo: “¿De verdad así no entrarán las jirafas?”. Es la fantasía de una mente de cinco años. Estas [las jirafas], por cierto, están a 640 kilómetros al norte de aquí en las afueras de Barrow-in-Furness en Cumbria. Sólo Dios sabe qué le han hecho al clima de Lake District. Pero de hecho esta distorsión infantil se me quedó grabada, porque de repente vi con claridad por qué no hacemos las cosas evidentemente obvias. Estamos demasiado ocupados evitando que entren las jirafas… llevando a los niños al autobús en las mañanas, llegando a tiempo al trabajo, sobreviviendo al excesivo correo electrónico y a la política laboral, buscando provisiones, preparando alimentos, fugándonos por un par de preciosas horas en la noche frente a la TV viendo la programación de mayor audiencia o TED online, yendo de un día al siguiente, evitando que entren las jirafas.

¿Cuál es el objetivo? “¿Cuál es el objetivo del consumidor?” preguntaba Mary Douglas en un ensayo sobre la pobreza escrito hace 35 años. Y dijo: “Consiste en ayudar a crear el mundo social y encontrar un lugar creíble en él”. Esa es una visión profundamente humanizante de nuestras vidas, y es una visión totalmente diferente de la que se ubica en el centro de este modelo económico. Entonces, ¿quiénes somos? ¿Quiénes son esas personas? ¿Somos esos individuos egoístas, buscadores de novedades y hedonistas? ¿O quizás en realidad seamos ocasionalmente un poco como el desinteresado altruista representado aquí en este encantador boceto de Rembrandt? [un boceto de un buen samaritano ayudando a un viajero] Bueno, la psicología de hecho nos dice que existe un conflicto, una tensión entre comportamientos basados en el interés propio y comportamientos basados en el interés ajeno. Y esos conflictos tienen profundas raíces evolutivas. Tal comportamiento egoísta es adaptativo bajo ciertas circunstancias: luchar o huir.

Pero los comportamientos que toman en cuenta a los demás son esenciales para nuestra evolución como seres sociales. Y quizás lo más interesante desde nuestro punto de vista, hay otra tensión entre comportamientos que buscan lo novedoso y la tradición o conservación. Lo novedoso es adaptativo cuando las cosas están cambiando y necesitas adaptarte tú mismo. La tradición es esencial para brindar estabilidad para formar familias y grupos sociales cohesivos. Entonces aquí, repentinamente, estamos viendo un mapa del corazón humano. Y nos revela de repente el quid del asunto. Hemos creado economías. Hemos creado sistemas que sistemáticamente privilegian, alientan, una parte pequeña del alma humana y deja a los otros ignorados. Y al mismo tiempo, la solución se vuelve clara, porque, dado lo anterior, esto no se trata de cambiar la naturaleza humana. No se trata, de hecho, de restringir posibilidades. Se trata de abrirlas. Se trata de permitirnos a nosotros mismos la libertad de volvernos completamente humanos reconociendo la profundidad y la amplitud de la psique humana y construir instituciones para proteger al frágil altruista de Rembrandt interior.

¿Qué significa todo esto en economía? ¿Cómo serían las economías si tomáramos esa visión de la naturaleza humana en su esencia y las desplegáramos a lo largo de esas dimensiones ortogonales de la psique humana?Bueno, quizás se parecería un poquito a las 4.000 empresas de interés comunitario que han surgido en el Reino Unido durante los últimos cinco años con un aumento similar en compañías B en los Estados Unidos, empresas que tienen metas ecológicas y sociales escritas en sus estatutos en su corazón, compañías, de hecho, como ésta, Ecosia. Y sólo quiero, muy rápidamente, mostrarles esto. Ecosia es un motor de búsquedas por Internet. Los motores de búsquedas en Internet funcionan gracias a los ingresos producidos por los enlaces patrocinados que aparecen cuando haces una búsqueda. Y el sistema de Ecosia funciona prácticamente igual. Podemos hacer eso aquí. Podemos introducir un pequeño término de búsqueda. Ahí lo tienen, Oxford, es donde estamos. Vean lo que sale. Pero la diferencia con Ecosia es que, en el caso de Ecosia, obtiene del mismo modo sus ingresos, pero destina el 80% de esos ingresos a un proyecto de protección de selvas tropicales en el Amazonas. Y vamos a hacerlo. Vamos a hacer clic en Naturejobs.uk En caso de que alguien por ahí esté buscando trabajo durante la recesión, ésta es la página a la que hay que ir. Y lo que ocurrió fue que el patrocinador le dio ingresos a Ecosia y Ecosia le está dando el 80% de ellos a un proyecto de reforestación de selvas. Está tomando ganancias de un lugar y asignándolas a la protección de recursos ecológicos.

Es un tipo diferente de empresa para una nueva economía. Es una forma, si así quieren llamarle, de altruismo ecológico… Quizás algo cercano a eso. Tal vez es eso. Lo que sea que fuere, lo que sea que es ésta nueva economía, lo que necesitamos que la economía haga, de hecho, es invertir nuevamente en el corazón del modelo, re-imaginar qué es invertir. Sólo que ahora invertir no va a tratarse de la búsqueda incesante y absurda del incremento en el consumo. Invertir tiene que ser algo distinto. Invertir tiene que ser, en la nueva economía, proteger y nutrir los activos ecológicos de los que depende nuestro futuro. Tiene que tratarse de transición. Tiene que ser invertir en tecnologías e infraestructuras bajas en carbono. Tenemos que invertir, de hecho, en la idea de la prosperidad con sentido, ofreciendo capacidades para que las personas florezcan.

Y por supuesto, esta tarea tiene dimensiones materiales. Sería un absurdo hablar de que las personas florezcan cuando no tienen comida, vestido y vivienda. Pero también está claro que prosperidad es más que esto. Tiene objetivos sociales y psicológicos… familia, amigos, compromisos, sociedad, participar en la vida de tal sociedad. Y esto también requiere inversión, inversión, por ejemplo, en lugares lugares donde podamos relacionarnos, lugares donde podamos participar, lugares compartidos, salas de concierto, jardines, parques públicos, bibliotecas, museos, centros de reposo, lugares de alegría y celebración, lugares de tranquilidad y contemplación, lugares para “el cultivo de una ciudadanía común” en la encantadora frase de Michael Sandel. Una inversión… invertir después de todo, es un concepto económico tan básico, no es nada más ni nada menos que una relación entre el presente y el futuro, un presente compartido y un futuro común. Y necesitamos esa relación para reflejar, para recuperar la esperanza.

Así que permítanme regresar, con este significado de la esperanza, a los dos mil millones de personas que aún intentan vivir cada día con menos que lo que cuesta un café con leche de la cafetería de al lado. ¿Qué podemos ofrecerles a estas personas? Es claro que tenemos una responsabilidad de ayudarlos a salir de la pobreza. Es claro que tenemos una responsabilidad de dejar espacio para el crecimiento en donde crecer realmente importa en esas naciones más pobres. Y también es claro que nunca conseguiremos eso a menos que seamos capaces de redefinir un sentido profundo de prosperidad en las naciones más ricas, una prosperidad que tenga más sentido y sea menos materialista que el modelo fundamentado en el crecimiento. Así que esto no es sólo una fantasía occidental post-materialista. De hecho, un filósofo africano me escribió cuando fue publicado el libro “Prosperidad sin crecimiento”, señalando las semejanzas entre esta visión de la prosperidad y el concepto tradicional africano de ubuntu. Ubuntu dice: “Yo soy porque nosotros somos”. La prosperidad es un esfuerzo compartido. Sus raíces son largas y profundas. Sus fundamentos, he intentado mostrar, ya existen dentro de cada uno de nosotros. Así que no se trata de obstaculizar al desarrollo. No se trata de derrocar al capitalismo. No se trata de cambiar la naturaleza humana. Lo que estamos haciendo aquí es dar unos pasos sencillos hacia una economía que abarque el sentido humano. Y en el centro de esa economía, instalamos una visión más creíble, más robusta y más realista de lo que significa ser un ser humano.

Muchísimas gracias.

Chris Anderson: Mientras retiran el podio, una pregunta rápida. Primero que nada, no se supone que los economistas sean inspiradores, así que quizás necesitas trabajar un poco en el tono. (Risas) ¿Puedes imaginarte a los políticos aceptando esto alguna vez? Es decir, puedes imaginarte a un político en Gran Bretaña ponerse de pie y decir: “Este año el PIB cayó 2%. ¡Qué bien!” “Todos somos más felices, el país es más hermoso y nuestras vidas son mejores”.

Tim Jackson: Bueno, claramente eso no es lo que harías. No son noticia las cosas que están cayendo. Vuelves noticia a las cosas que te dicen que estamos floreciendo. ¿Puedo imaginarme a los políticos haciendo eso? De hecho, ya estoy viendo algo de eso. Cuando comenzamos con este tipo de trabajo, los políticos se ponían de pie, el vocero de Hacienda se ponía de pie y nos acusaba de querer regresar a vivir en cuevas. Y de hecho en este tiempo en el que hemos estado trabajando los últimos 18 años, en parte a causa de la crisis financiera y a un poco de humildad en la profesión de la economía, las personas realmente se están involucrando en este tema en todo tipo de países de todo el mundo.

CA: ¿Pero serán principalmente los políticos los que tendrán que organizarse, o será sobre todo la sociedad civil y las empresas?

TJ: Tienen que estar las empresas. Tiene que estar la sociedad civil. Pero tiene que haber liderazgo político. Este es una clase de agenda, en la cual de hecho los políticos mismo están como atrapados en ese dilema, porque ellos mismos están enganchados al modelo de crecimiento. Pero de hecho, abrir oportunidades para pensar en diferentes formas de gobernar, en diferentes formas de hacer política, y abrir oportunidades para que la sociedad civil y los negocios funcionen de forma diferente, es absolutamente vital.

CA: Y si alguien pudiera convencerte de que realmente podemos alcanzar ¿cuánto era?, esa mejora de 130 veces en la eficiencia en la reducción de la huella de carbono, entonces, ¿te gustaría esa imagen del crecimiento económico convirtiéndose en más bienes basados en el conocimiento?

TJ: Yo aún querría saber que puedes hacer eso y llegar a cifras negativas a finales del siglo, en términos de retirar carbono de la atmósfera, y solucionar el problema de la biodiversidad y reducir el impacto en el uso de la tierra y hacer algo respecto a la erosión de la capa arable y la calidad del agua. Si puedes convencerme de que podemos hacer todo eso, entonces sí, aceptaría el 2%.

2 pensamientos en “La llamada al realismo económico de Tim Jackson

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